By Jamial Black and the National Parents Union’s Parent Power Collective
Our children should never have to fight for the basics of safety, literacy, and dignity. And yet across this country, parents and community organizers are pulled into battles that school systems, districts, and policymakers should have resolved long before our kids ever stepped into a classroom. We are standing in the gap for their right to read, their right to an education that actually prepares them, and their right to a future that is not constrained by a system intentionally built to fail them.
But those of us rooted in organizing know a deeper truth: defending what’s ours has never been enough. We organize to build. To build systems, schools, and communities that finally reflect the brilliance and potential of every child.
For generations especially Black, Brown, and underserved families—parents have been forced to do the work systems refused to do. We built schools when systems refused. We demanded accountability when institutions ignored our children’s brilliance. And we refused to accept that the quality of a child’s education should depend on ZIP code, race, or access to wealth.
Today, that fight has a new front literacy, the very foundation on which every other academic and economic opportunity depends. Millions of students are leaving school without the ability to read proficiently. Behind every statistic is a child whose access to opportunity, civic engagement, and economic mobility is being stolen. Reading is not just a skill it is access: access to knowledge, opportunity, and the power to shape one’s life. And when children cannot read, every other door begins to close.
Parents live this reality in ways that numbers cannot capture: the frustration on a child’s face during homework, the heaviness in a parent’s chest when progress reports don’t match their child’s potential, the quiet fear that their brilliance is slipping through the cracks. Our children are not the problem. The system is.
That is why parents organize. That is why the Parent Power Collective exists. A national movement of families refusing to accept a status quo where millions of children fall through the cracks. We step forward not just for our own kids, but as leaders shaping the future of education for all.
The Reading Excellence and Achievement for Development (READ) Act gives parents something they’ve demanded for decades: a federal commitment to evidence-based literacy instruction and real transparency when children struggle. It aligns federal investments with
research-backed literacy practices, supports coaching networks, high-impact tutoring, early literacy screenings, and ensures teachers are prepared to teach the science of reading effectively. For too long, families have watched their children struggle while systems offered excuses instead of solutions. It centers families, requiring schools to notify parents when children are struggling and to outline clear intervention plans.
But legislation alone will not solve this crisis. Policy only becomes real when families have the power, tools, and organizing muscle to ensure it’s implemented with urgency and integrity. That is the heart of the National Parents Union’s Kids First Agenda: economic security, health, safety, and education are all connected. Every child deserves the resources, protections, and supports that allow them to thrive. Literacy is the gateway to all of it.
Organizing reminds us that change rarely begins in legislative chambers. It begins in living rooms, in school hallways, and in community gatherings where families come together to demand better. Parents have always been the first teachers. The fiercest advocates. The most consistent champions of our children’s futures.
We are not just defending our children from systems that fall short. We are building the future they deserve, a future rooted in literacy, dignity, and possibility. And when parents move together, we don’t just fight to defend, we fight to build.
Por Jamial Black y el Parent Power Collective del Sindicato Nacional de Padres
Nuestros hijos nunca deberían tener que luchar por lo básico: seguridad, alfabetización y dignidad. Sin embargo, en todo el país, los padres y los organizadores comunitarios se ven envueltos en batallas que los sistemas escolares, los distritos y los legisladores deberían haber resuelto mucho antes de que nuestros hijos pisaran un salón de clases. Estamos defendiendo su derecho a leer, su derecho a una educación que realmente los prepare y su derecho a un futuro que no esté limitado por un sistema creado intencionalmente para que fracasen.
Pero quienes estamos comprometidos con la organización comunitaria sabemos una verdad más profunda: defender lo que es nuestro nunca ha sido suficiente. Nos organizamos para construir. Para construir sistemas, escuelas y comunidades que finalmente reflejen la brillantez y el potencial de cada niño.
Durante generaciones, especialmente en las familias negras, morenas y marginadas, los padres de familia se han visto obligados a hacer el trabajo que los sistemas se negaban a hacer. Construimos escuelas cuando los sistemas se negaban a hacerlo. Exigimos responsabilidad cuando las instituciones ignoraban la brillantez de nuestros hijos. Y nos negamos a aceptar que la calidad de la educación de un niño dependiera de su código postal, su raza, color de piel, o su acceso a la riqueza.
Hoy, esa lucha tiene un nuevo frente: la alfabetización, la base sobre la que se sustentan todas las demás oportunidades académicas y económicas. Millones de estudiantes abandonan la escuela sin saber leer correctamente. Detrás de cada estadística hay un niño al que se le está robando el acceso a las oportunidades, la participación cívica y la movilidad económica. Leer no es solo una habilidad, es un acceso: acceso al conocimiento, a las oportunidades y al poder de moldear la propia vida. Y cuando los niños no saben leer, todas las demás puertas comienzan a cerrarse.
Los padres viven esta realidad de formas que las cifras no pueden reflejar: la frustración en el rostro de un niño mientras hace la tarea, la pesadez en el pecho de un padre cuando los informes de progreso no se corresponden con el potencial de su hija, el miedo silencioso a que su brillantez se esté escapando por las rendijas. Nuestros hijos no son el problema. El problema es el sistema.
Por eso los padres se organizan en comunidad. Por eso existe el Parent Power Collective. Un movimiento nacional de familias que se niegan a aceptar un estatus quo en el que millones de niños se quedan atrás. Damos un paso adelante no solo por nuestros propios hijos, sino como líderes que dan forma al futuro de la educación para todos.
La Ley de Excelencia y Logro en Lectura para el Desarrollo (READ Act) ofrece a los padres algo que llevamos décadas exigiendo: un compromiso federal con la enseñanza de la lectoescritura basada en la evidencia y una transparencia real cuando los niños tienen dificultades. Alinea las inversiones federales con prácticas de lectoescritura respaldadas por la investigación y la ciencia, apoya las redes de coaching, la tutoría de alto impacto y las evaluaciones tempranas de lectoescritura, y garantiza que los maestros estén preparados para enseñar la Ciencia de la Lectura (Science of Reading) de forma eficaz. Durante demasiado tiempo, las familias han visto cómo sus hijos tenían dificultades mientras los sistemas ofrecían excusas en lugar de soluciones. Se centra en las familias, exigiendo a las escuelas que notifiquen a los padres cuando los niños tienen dificultades y que describan planes de intervención claros.
Pero la legislación por sí sola no resolverá esta crisis. Las políticas solo se hacen realidad cuando las familias tienen el poder, las herramientas y la capacidad de organizarse para garantizar que se apliquen con urgencia e integridad. Ese es el núcleo de la agenda Kids First del Sindicato Nacional de Padres: la estabilidad económica, la salud, la seguridad y la educación están todas conectadas. Todos los niños merecen los recursos, la protección y el apoyo que les permitan prosperar. La alfabetización es la puerta de entrada a todo ello.
La organización comunitaria nos recuerda que el cambio rara vez comienza en las cámaras legislativas. Comienza en las salas de nuestros hogares, en los pasillos de las escuelas y en las reuniones comunitarias donde las familias se reúnen para exigir algo mejor. Los padres siempre han sido los primeros maestros. Los defensores más valientes. Los patrocinadores más constantes del futuro de nuestros hijos.
No solo defendemos a nuestros hijos de sistemas que se quedan cortos. Construimos el futuro que se merecen, un futuro basado en la alfabetización, la dignidad y las posibilidades. Y cuando los padres se unen, no solo luchamos para defender, luchamos para construir.

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